Entonces "Toño" era la razón por la que Alan tenía esperanza alguna.
Me introduje en la vida de Carmen, la ex-esposa de Alan, duramente-fácil; accidentalmente a propósito, en un restaurante dentro un parque. Hice el papel de pretendiente encantador y atento, lo cual funcionó eficazmente; pareciese que nunca un hombre le había tratado de manera decente en su vida.
A la segunda semana de haber conocido a Carmen, conocí al "enanito". Fue un encanto conocer a Antonio, mi pase de salida; el "pequeñín" llevaba cinco años de existencia y su hiperactividad era sorprendente.
Al final de la segunda semana por un momento quise dejar en paz lo que tenía pensado hacer: ¿A caso ellos se lo merecen?, ¿Por qué ellos si sólo Alan es el culpable? Pensé cuando Carmen me contó sobre Alan y yo traté de consolarla. Al ver sus lágrimas creí que estaba perdido, pero se debían a una gratitud. Ella me considero una buena persona, un buen ejemplo para el pequeño Antonio... Sin embargo, el sentimiento de culpabilidad se evaporó cuando regresé a mi enfoque. Pensaba llegar hasta el final.
A principios de la tercera semana tuve mi cortejo con Carmen, obviamente usé condón, ya que mis planes no tenían mucho que ver con ella. Ese mismo día me dirigí a ver a Alan, realmente me sorprendió ver cómo estaba de consumido su cuerpo. El doctor me informó que no llegaría a una semana, así que tenía que actuar pronto.
Fue un evento oportuno cuando Carmen me confía en cuidar al pequeño Antonio el sábado, mientras ella hace una visita a una vieja amiga. Un día antes decidí ir a visitar a mis padres, para contarles sobre el virus, pero todo fue vano, mi madre disfrutaba viendo en la televisión un programa sobre cómo se ridiculizaban las personas para ganar dinero por medio de juegos y preguntas tontas; y mi padre leía el periódico, la sección de fútbol. Él era un buen hombre hasta que se consiguió una buena televisión para joderse las piernas, ahora que tiene el cable se encuentra aún más jodido mi padre querido. Sin embargo, se considera un gran experto en el tema. <<¿Todo bien, forastero?>> Pregunta él, sin quitar los ojos de encima del periódico.
<<Así es, todo brillantemente bien>>.
Así es, fater. Todo se encuentra burbujeantemente: estoy saliendo con una hermosa mujer que ya tiene un hijo, mi trabajo como enfermero es espectacular, pero me retiraré pronto de ese labor. ¿Sabes por qué? ¿¡No!?, pues resulta que vuestro primer hijo se ha vuelto seropositivo. Así es, como has de saber, porque lees mucho el periódico. Está muy de moda hoy en día tener el sistema inmunológico averiado, aunque creo que no lo sabías puesto que usted siempre ha estado leyendo la sección de deportes, en lo que usted es más fuerte, aunque no físicamente. Una pregunta: ¿todavía sigue jugando eso de los números? Me repugna, oh, fater.
Un destino realmente triste para una pareja que se casó a los veinte años y que a mi edad, veinticuatro, ya cargaban con tres pequeñines llorones. Apenas soltaba algunas palabras y ambos soltaban una pizca egoísta de su parte. Luego recordé que, de los tres, creían que yo era el "rarito", y metiéndoles el tema sobre el virus sólo serviría para confirmar sus sospechas. Preferí irme con un buen pretexto, con lo cual ellos respondieron: <<Vuelve pronto, forastero>>.
Al día siguiente tomé una caja de herramientas y la llevé a casa de Carmen, con el pretexto de querer hacer unos arreglos voluntariamente. Ella hablaba sin cesar mientras se arreglaba y yo componía un estante. Al llegar el taxi, Carmen sale apresurada, dejándome la custodia del pequeño.
Durante la tarde fue sensacional para Antonio, dibujamos hasta las 13 horas y después salimos a caminar por el centro; entramos a un museo y le compré algunas cosillas que le gustaron en un bazar de paso. A las 19 horas ya estábamos en casa de Carmen. Llamé para confirmar que ella tardaría más de lo acordado. Después vimos la televisión por media hora y para entonces, que el pequeño haya quedado dormido, empecé a ejecutar mi plan..
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