Era temporada de lluvias cuando yo emprendía el viaje a la unidad de terminales; una lluvia persistente, húmeda y helada, acompañada de vientos que llegaban a atravesar las capas de mi ropa fácilmente. Resultado: un resfriado mortal, pero eso significaba poco para mí en ese entonces; ahora, por supuesto, me cuido.
El edificio del hospital no era atractivo, era un estilo gris apático que te daba la sensación de tu último destino.
Cada visita que le hacía a Alan hacía que la última pareciese estar cerca. Apenas llegué a pensar que lo último que quería ver en él era el arrepentimiento de todo lo que ha hecho, pero no hubiese obtenido algo que se merece, de mi parte. De haber sido así, él había muerto con fe en la bondad fundamental del espíritu humano.
Mientras me dirijo hacia la habitación donde está establecido el querido Alan, entra en mí unas palabras que me ofreció Thomas hace unos días: <<Aún no estás muriéndote, tienes que seguir adelante hasta que lo estés. Por definición: tienes que vivir hasta que te mueres. Mejor hacer de la vida una experiencia tan completa y gozosa como sea posible, por si la muerte llega a ser realmente macabra.>>
La triste vasija de piel y huesos que contenía la fuerza vital de Alan parecía un hogar poco adecuado para cualquier tipo de espíritu.
La enfermera que le atiende me recuerda un poco a una vieja amiga: Miriam, una chica con la que no llegué a salir, pero sí llegué a experimentar algunas experiencias con ella. Su mirada era sería y de preocupación, aunque algunas sonrisas que soltaba me hacían recordar a Miriam.
Se dirige a mí: << Alan está débil. Por favor, no se quede tanto tiempo.>>
<<Comprendo>>, sonrío, interpretando como un amigo inquieto.
<<Él es afortunado de tener un amigo como usted.>>, dice ella, al parecer pensando en: cómo una semejante abominación bastarda pudiese tener amigo alguno.
Me encuentro preocupado, preocupado de que aquél imbécil no aguantara el tiempo necesario para otro tipo de destino; uno terrible que estoy armando. Sin embargo me proporcionó gran placer de ser testigo de la gran agonía física de Alan. No me permitiré a mí mismo a llegar a un estado similar cuando enferme.
<<¿Qué tal?>>, pregunto. Una pregunta realmente estúpida. Las convenciones siempre nos imponen su locura en los momentos menos apropiados.
<<No estoy mal..>> dice débilmente.
¿Estáis seguro mi estimado amigo? ¿Nada mal? Pareces estar realmente jodido. Te caería bien un par de aspirinas y un buen descanso. Probablemente a la mañana siguiente estarás como nuevo.
<<¿Algún dolor?>>
<<No.. tengo drogas, sólo respiro.>> Tomé su mano huesuda y me esforcé por no reír en su cara esquelética mientras veía sus ojos cansados abriéndose y cerrándose continuamente.
<<Tranquilo, amigo, estoy aquí.>> Digo ahogando mis risas.
<<Eres un buen chico, David.>>, balbucea. <<.. Lástima que no nos conocimos antes de todo esto.>>
<<Así es, una lástima, pedazo de basura>>
<<¿Qué dijiste?>>
<<Que es una pena conocernos bajo estas circunstancias.>>
<<Ah..>>, cae dormido y no obstante extraigo sus esqueléticos dedos de mi mano.
Espero que estés sufriendo en tu ensueño, idiota.
La enfermera llega mientras yo observaba al casi inerte cuerpo. Ella sonríe y luego se me queda viendo, como tratando de descifrar algo de mí. La verdad no me interesa.
"¿Cómo le haces daño a un hombre que está aproximado a morir?", me pregunté mientras iba de camino a casa. No sé si fue una señal de dios, pero en el momento en que me hacía esa pregunta pasaba por una capilla, y el padre estaba sermoneando a sus ovejas, o cómo se les diga, y de repente alzó la voz diciendo "¡A través de los vivos, a través de la gente que le importa!" Eso me hizo recordar una canción, cuyo nombre del artista y título de canción no recuerdo: "Todo el mundo quiere alguna vez a alguien."
Durante la semana siguiente he estado sacando información a este saco de basura, pero no la necesaria. Me explicaba su filosofía repugnante, si se le pudiera decir así. Realmente no quiero recordar las pendejadas que me contaba.
Con todo lo despreciable que era tenía un tesoro muy escondido, llegué a donde yo quería estar desde hace tiempo. Sí; a él le importa una persona. Era inconfundible el cambio del estado de ánimo y el tono que daba cuando utilizaba la frase: "y el pequeño.."
Discretamente empecé a sacarle más información sobre El pequeño. Me contó que tuvo un hijo al que poco a poco dejó de ver por problemas que tuvo con la mujer con quien se había juntado (no era de esperar); pero aquellos pequeños momentos que tuvo con él, Antonio, le hacían sentirse alegre. Era el momento más feliz de su vida, y ya sé cómo destruirlo.
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