Toda la operación ha salido bastante bien, me siento un poco horrorizado por lo sucedido, y más al revelar las fotografías. Había pedido prestado a mi primo Damián su pequeño estudio de fotografía. Mientras se secaban las copias me preparé un café, temblaba de miedo y a la vez de alegría.
Al llegar a la triste habitación terminal del estimado Alan, me temí que Alan estuviera privado mentalmente, le hago una pequeña señal y deja ver esos ojos vidriosos que empezaron a enfocarme. Vi cómo sonría de alegría por hacerle compañía, mientras su mirada mostraba envidia. Me senté junto a él y le tomé su mano. Por un momento quise exprimirla, pero la enfermera que me recordaba a mi amiga se encontraba haciendo su labor con la máquina, observando que todo estuviera bien.
<<Eres un buen amigo, David. Lástima que no nos conociéramos bajo circunstancias distintas>>. Repite Alan aquella desgastada frase que ha estado diciendo cada vez que yo venía a verle.
La enfermera me confirma que se encuentra tranquilo el paciente y me permite platicar en privado con él, afortunadamente. Precioso fuerte sobre su mano para confirmar que Alan seguía sintiendo dolor alguno, aunque no quería hacerle ese tipo de daño. Él me mira desconcertado y me pregunta Por qué lo hice. Sonrió y tomo un respiro.
<<Les dije a todos que me contagié teniendo una relación sexual con mi mejor amigo, quien se suicidó.>> le cuento.
<<Sí; el segundo día que fuiste al grupo.>> Contesta. <<¿Por qué lo mencionas?>>
<<Bueno>>, respondo,<< Resulta que todo lo que les he dicho a todos es mentira.>> Alan me mira confundido, esperando que prosiga.
Tomo un suspiro y continúo.<<Escucha un poco, Al, Yo fui contagiado por una excompañera de la universidad. Ella no sabía que portaba el virus. Ella fue infectada por un mierdecilla que se topó en una noche camino a su casa. Ese saco de mierda le amenazó con una navaja; la violó. Esa escoria le hizo hacerle cosas: sexo anal, sexo oral.. ella se encontraba aterrada, además de herida. ¿Te suena familiar algo, Al?>>
Alan quedó callado, tratando de procesar todo lo que le mencioné, luego responde <<No sé de qué hablas>>
<<Carajo, Alan. Acuérdate de Alexa; de la colonia Roma.>>
<<Por favor, perdóname, en esos momentos seguía con las drogas. No sabía que portaba el virus.>> Suplica el imbécil, pero ya es demasiado tarde. Quedamos un pequeño momento en silencio y continúo con la operación.
<<En muchos casos de violación forzada las victimas se quedan con un gran trauma en la vida y se dejan caer; pero Alexa ha sido una persona fuerte en voluntad, ella ha estado tratando de seguir adelante.>> Llega a mí una sensación de querer destrozarlo. Respiro profundo para tranquilizarme un poco y continuar.
<<Cuando conocí a Alexa, ella se mostraba temerosa en presencia de un hombre. Poco a poco me fui acercándome a ella, poco a poco la fui conociendo, poco a poco ella recuperaba la confianza. Una vez te encontramos en una plaza, vi cómo ella se aterró al verte pasar frente a nosotros, cuando me contó sobre ti, fue después de haber tenido una relación sexual. Antes, ella se mostraba muy insegura. Le aconsejé de que hiciera la prueba para ver si aquella mierda portaba el VIH y le había infectado. Ambos descubrimos que ella, una persona de verdad; una persona ética, había sido infectada. Era positivo, por lo tanto yo también ya me encontraba infectado.>>
<<David.. lo siento mucho.. ¿Qué te puedo decir? Has sido un buen amigo... La enfermedad.. la enfermedad es horrible, David. Mata a gente inocente.. mata a gente inocente..>>
<<Ahora es demasiado tarde, Alan, para tus disculpas. Yo te lanzaba oportunidades en el grupo y lo único que hacías era balbucear; burlarte.>>
Alan piensa un momento y no obstante suelta una risa profunda y larga: <<¿Qué piensas hacer al respecto?... ¿matarme? Adelante. Me estarías haciendo un gran favor...>> Veía cómo su esquelético rostro parecía animarse. Ambos estábamos sonriendo para el otro, con una risita encantadora. Era ya el momento de ejecutar lo demás. Saco de mi bolsillo, tranquilamente, las fotografías.
<<No se trata tanto de lo que voy a hacer como de lo que ya he hecho>> La sonrisa del bastardo desaparece, al igual que la risita.
<<¿A qué te refieres?>> Me sentía de maravilla observando sus reacciones de temor y confusión.
Le muestro la primera fotografía, la cuál tardó en descifrar, parecía preguntarse qué secretos contenían.
<<Piensa en la peor cosa posible que yo podría hacer. Multiplícala por mil.. y ni siquiera estarás cerca.>>
La primera fotografía era Carmen, conmigo, en un parque. Ambos sentados en la orilla de una fuente, confiados. Alegres como buenos amantes.
<<Qué carajos...>> balbucea Alan, mientras intentaba patéticamente incorporarse en la cama. Con mi mano logré fácilmente detenerlo y devolverlo a su lugar de residencia, haciéndolo disfrutar mi poder y su impotencia en aquel movimiento.
<<Relájate; tranquilo, tómalo con calma que necesitas reposar.>> Pasé la primera foto, mostrando así la siguiente. <<La fotografía anterior fue tomada por el pequeño Antonio.>> Digo sonriente y orgulloso. <<No le salió tan mal para ser un muchachito.>> La siguiente fotografía mostraba a Antonio sobre mis hombros, con un suéter colorido que le regalé la tercera vez que lo vi.<< Ésto fue hace una semana.>>
<<¿A qué vas con ésto?.. ¿Qué mierda has hecho?>> Era un sonido más que una voz. Parecía más proceder de alguna parte del cuerpo en descomposición que de su boca.
Le mostré la tercera fotografía sin decirle nada, era de los tres: juntos, como una familia. Su mandíbula empezaba a temblar de desesperación, lo cual me produjo gracia. Era ya momento de mostrar la cuarta fotografía, la cuál le destruiría su mundo, su ser.
Estoy disfrutando, aún más, el verle luchar con sus mayores temores sobre qué contiene la última fotografía..
viernes, 28 de febrero de 2014
miércoles, 26 de febrero de 2014
martes, 25 de febrero de 2014
Mala sangre (tercera parte)
Entonces "Toño" era la razón por la que Alan tenía esperanza alguna.
Me introduje en la vida de Carmen, la ex-esposa de Alan, duramente-fácil; accidentalmente a propósito, en un restaurante dentro un parque. Hice el papel de pretendiente encantador y atento, lo cual funcionó eficazmente; pareciese que nunca un hombre le había tratado de manera decente en su vida.
A la segunda semana de haber conocido a Carmen, conocí al "enanito". Fue un encanto conocer a Antonio, mi pase de salida; el "pequeñín" llevaba cinco años de existencia y su hiperactividad era sorprendente.
Al final de la segunda semana por un momento quise dejar en paz lo que tenía pensado hacer: ¿A caso ellos se lo merecen?, ¿Por qué ellos si sólo Alan es el culpable? Pensé cuando Carmen me contó sobre Alan y yo traté de consolarla. Al ver sus lágrimas creí que estaba perdido, pero se debían a una gratitud. Ella me considero una buena persona, un buen ejemplo para el pequeño Antonio... Sin embargo, el sentimiento de culpabilidad se evaporó cuando regresé a mi enfoque. Pensaba llegar hasta el final.
A principios de la tercera semana tuve mi cortejo con Carmen, obviamente usé condón, ya que mis planes no tenían mucho que ver con ella. Ese mismo día me dirigí a ver a Alan, realmente me sorprendió ver cómo estaba de consumido su cuerpo. El doctor me informó que no llegaría a una semana, así que tenía que actuar pronto.
Fue un evento oportuno cuando Carmen me confía en cuidar al pequeño Antonio el sábado, mientras ella hace una visita a una vieja amiga. Un día antes decidí ir a visitar a mis padres, para contarles sobre el virus, pero todo fue vano, mi madre disfrutaba viendo en la televisión un programa sobre cómo se ridiculizaban las personas para ganar dinero por medio de juegos y preguntas tontas; y mi padre leía el periódico, la sección de fútbol. Él era un buen hombre hasta que se consiguió una buena televisión para joderse las piernas, ahora que tiene el cable se encuentra aún más jodido mi padre querido. Sin embargo, se considera un gran experto en el tema. <<¿Todo bien, forastero?>> Pregunta él, sin quitar los ojos de encima del periódico.
<<Así es, todo brillantemente bien>>.
Así es, fater. Todo se encuentra burbujeantemente: estoy saliendo con una hermosa mujer que ya tiene un hijo, mi trabajo como enfermero es espectacular, pero me retiraré pronto de ese labor. ¿Sabes por qué? ¿¡No!?, pues resulta que vuestro primer hijo se ha vuelto seropositivo. Así es, como has de saber, porque lees mucho el periódico. Está muy de moda hoy en día tener el sistema inmunológico averiado, aunque creo que no lo sabías puesto que usted siempre ha estado leyendo la sección de deportes, en lo que usted es más fuerte, aunque no físicamente. Una pregunta: ¿todavía sigue jugando eso de los números? Me repugna, oh, fater.
Un destino realmente triste para una pareja que se casó a los veinte años y que a mi edad, veinticuatro, ya cargaban con tres pequeñines llorones. Apenas soltaba algunas palabras y ambos soltaban una pizca egoísta de su parte. Luego recordé que, de los tres, creían que yo era el "rarito", y metiéndoles el tema sobre el virus sólo serviría para confirmar sus sospechas. Preferí irme con un buen pretexto, con lo cual ellos respondieron: <<Vuelve pronto, forastero>>.
Al día siguiente tomé una caja de herramientas y la llevé a casa de Carmen, con el pretexto de querer hacer unos arreglos voluntariamente. Ella hablaba sin cesar mientras se arreglaba y yo componía un estante. Al llegar el taxi, Carmen sale apresurada, dejándome la custodia del pequeño.
Durante la tarde fue sensacional para Antonio, dibujamos hasta las 13 horas y después salimos a caminar por el centro; entramos a un museo y le compré algunas cosillas que le gustaron en un bazar de paso. A las 19 horas ya estábamos en casa de Carmen. Llamé para confirmar que ella tardaría más de lo acordado. Después vimos la televisión por media hora y para entonces, que el pequeño haya quedado dormido, empecé a ejecutar mi plan..
Me introduje en la vida de Carmen, la ex-esposa de Alan, duramente-fácil; accidentalmente a propósito, en un restaurante dentro un parque. Hice el papel de pretendiente encantador y atento, lo cual funcionó eficazmente; pareciese que nunca un hombre le había tratado de manera decente en su vida.
A la segunda semana de haber conocido a Carmen, conocí al "enanito". Fue un encanto conocer a Antonio, mi pase de salida; el "pequeñín" llevaba cinco años de existencia y su hiperactividad era sorprendente.
Al final de la segunda semana por un momento quise dejar en paz lo que tenía pensado hacer: ¿A caso ellos se lo merecen?, ¿Por qué ellos si sólo Alan es el culpable? Pensé cuando Carmen me contó sobre Alan y yo traté de consolarla. Al ver sus lágrimas creí que estaba perdido, pero se debían a una gratitud. Ella me considero una buena persona, un buen ejemplo para el pequeño Antonio... Sin embargo, el sentimiento de culpabilidad se evaporó cuando regresé a mi enfoque. Pensaba llegar hasta el final.
A principios de la tercera semana tuve mi cortejo con Carmen, obviamente usé condón, ya que mis planes no tenían mucho que ver con ella. Ese mismo día me dirigí a ver a Alan, realmente me sorprendió ver cómo estaba de consumido su cuerpo. El doctor me informó que no llegaría a una semana, así que tenía que actuar pronto.
Fue un evento oportuno cuando Carmen me confía en cuidar al pequeño Antonio el sábado, mientras ella hace una visita a una vieja amiga. Un día antes decidí ir a visitar a mis padres, para contarles sobre el virus, pero todo fue vano, mi madre disfrutaba viendo en la televisión un programa sobre cómo se ridiculizaban las personas para ganar dinero por medio de juegos y preguntas tontas; y mi padre leía el periódico, la sección de fútbol. Él era un buen hombre hasta que se consiguió una buena televisión para joderse las piernas, ahora que tiene el cable se encuentra aún más jodido mi padre querido. Sin embargo, se considera un gran experto en el tema. <<¿Todo bien, forastero?>> Pregunta él, sin quitar los ojos de encima del periódico.
<<Así es, todo brillantemente bien>>.
Así es, fater. Todo se encuentra burbujeantemente: estoy saliendo con una hermosa mujer que ya tiene un hijo, mi trabajo como enfermero es espectacular, pero me retiraré pronto de ese labor. ¿Sabes por qué? ¿¡No!?, pues resulta que vuestro primer hijo se ha vuelto seropositivo. Así es, como has de saber, porque lees mucho el periódico. Está muy de moda hoy en día tener el sistema inmunológico averiado, aunque creo que no lo sabías puesto que usted siempre ha estado leyendo la sección de deportes, en lo que usted es más fuerte, aunque no físicamente. Una pregunta: ¿todavía sigue jugando eso de los números? Me repugna, oh, fater.
Un destino realmente triste para una pareja que se casó a los veinte años y que a mi edad, veinticuatro, ya cargaban con tres pequeñines llorones. Apenas soltaba algunas palabras y ambos soltaban una pizca egoísta de su parte. Luego recordé que, de los tres, creían que yo era el "rarito", y metiéndoles el tema sobre el virus sólo serviría para confirmar sus sospechas. Preferí irme con un buen pretexto, con lo cual ellos respondieron: <<Vuelve pronto, forastero>>.
Al día siguiente tomé una caja de herramientas y la llevé a casa de Carmen, con el pretexto de querer hacer unos arreglos voluntariamente. Ella hablaba sin cesar mientras se arreglaba y yo componía un estante. Al llegar el taxi, Carmen sale apresurada, dejándome la custodia del pequeño.
Durante la tarde fue sensacional para Antonio, dibujamos hasta las 13 horas y después salimos a caminar por el centro; entramos a un museo y le compré algunas cosillas que le gustaron en un bazar de paso. A las 19 horas ya estábamos en casa de Carmen. Llamé para confirmar que ella tardaría más de lo acordado. Después vimos la televisión por media hora y para entonces, que el pequeño haya quedado dormido, empecé a ejecutar mi plan..
lunes, 24 de febrero de 2014
Mala sangre (segunda parte)
Era temporada de lluvias cuando yo emprendía el viaje a la unidad de terminales; una lluvia persistente, húmeda y helada, acompañada de vientos que llegaban a atravesar las capas de mi ropa fácilmente. Resultado: un resfriado mortal, pero eso significaba poco para mí en ese entonces; ahora, por supuesto, me cuido.
El edificio del hospital no era atractivo, era un estilo gris apático que te daba la sensación de tu último destino.
Cada visita que le hacía a Alan hacía que la última pareciese estar cerca. Apenas llegué a pensar que lo último que quería ver en él era el arrepentimiento de todo lo que ha hecho, pero no hubiese obtenido algo que se merece, de mi parte. De haber sido así, él había muerto con fe en la bondad fundamental del espíritu humano.
Mientras me dirijo hacia la habitación donde está establecido el querido Alan, entra en mí unas palabras que me ofreció Thomas hace unos días: <<Aún no estás muriéndote, tienes que seguir adelante hasta que lo estés. Por definición: tienes que vivir hasta que te mueres. Mejor hacer de la vida una experiencia tan completa y gozosa como sea posible, por si la muerte llega a ser realmente macabra.>>
La triste vasija de piel y huesos que contenía la fuerza vital de Alan parecía un hogar poco adecuado para cualquier tipo de espíritu.
La enfermera que le atiende me recuerda un poco a una vieja amiga: Miriam, una chica con la que no llegué a salir, pero sí llegué a experimentar algunas experiencias con ella. Su mirada era sería y de preocupación, aunque algunas sonrisas que soltaba me hacían recordar a Miriam.
Se dirige a mí: << Alan está débil. Por favor, no se quede tanto tiempo.>>
<<Comprendo>>, sonrío, interpretando como un amigo inquieto.
<<Él es afortunado de tener un amigo como usted.>>, dice ella, al parecer pensando en: cómo una semejante abominación bastarda pudiese tener amigo alguno.
Me encuentro preocupado, preocupado de que aquél imbécil no aguantara el tiempo necesario para otro tipo de destino; uno terrible que estoy armando. Sin embargo me proporcionó gran placer de ser testigo de la gran agonía física de Alan. No me permitiré a mí mismo a llegar a un estado similar cuando enferme.
<<¿Qué tal?>>, pregunto. Una pregunta realmente estúpida. Las convenciones siempre nos imponen su locura en los momentos menos apropiados.
<<No estoy mal..>> dice débilmente.
¿Estáis seguro mi estimado amigo? ¿Nada mal? Pareces estar realmente jodido. Te caería bien un par de aspirinas y un buen descanso. Probablemente a la mañana siguiente estarás como nuevo.
<<¿Algún dolor?>>
<<No.. tengo drogas, sólo respiro.>> Tomé su mano huesuda y me esforcé por no reír en su cara esquelética mientras veía sus ojos cansados abriéndose y cerrándose continuamente.
<<Tranquilo, amigo, estoy aquí.>> Digo ahogando mis risas.
<<Eres un buen chico, David.>>, balbucea. <<.. Lástima que no nos conocimos antes de todo esto.>>
<<Así es, una lástima, pedazo de basura>>
<<¿Qué dijiste?>>
<<Que es una pena conocernos bajo estas circunstancias.>>
<<Ah..>>, cae dormido y no obstante extraigo sus esqueléticos dedos de mi mano.
Espero que estés sufriendo en tu ensueño, idiota.
La enfermera llega mientras yo observaba al casi inerte cuerpo. Ella sonríe y luego se me queda viendo, como tratando de descifrar algo de mí. La verdad no me interesa.
"¿Cómo le haces daño a un hombre que está aproximado a morir?", me pregunté mientras iba de camino a casa. No sé si fue una señal de dios, pero en el momento en que me hacía esa pregunta pasaba por una capilla, y el padre estaba sermoneando a sus ovejas, o cómo se les diga, y de repente alzó la voz diciendo "¡A través de los vivos, a través de la gente que le importa!" Eso me hizo recordar una canción, cuyo nombre del artista y título de canción no recuerdo: "Todo el mundo quiere alguna vez a alguien."
Durante la semana siguiente he estado sacando información a este saco de basura, pero no la necesaria. Me explicaba su filosofía repugnante, si se le pudiera decir así. Realmente no quiero recordar las pendejadas que me contaba.
Con todo lo despreciable que era tenía un tesoro muy escondido, llegué a donde yo quería estar desde hace tiempo. Sí; a él le importa una persona. Era inconfundible el cambio del estado de ánimo y el tono que daba cuando utilizaba la frase: "y el pequeño.."
Discretamente empecé a sacarle más información sobre El pequeño. Me contó que tuvo un hijo al que poco a poco dejó de ver por problemas que tuvo con la mujer con quien se había juntado (no era de esperar); pero aquellos pequeños momentos que tuvo con él, Antonio, le hacían sentirse alegre. Era el momento más feliz de su vida, y ya sé cómo destruirlo.
El edificio del hospital no era atractivo, era un estilo gris apático que te daba la sensación de tu último destino.
Cada visita que le hacía a Alan hacía que la última pareciese estar cerca. Apenas llegué a pensar que lo último que quería ver en él era el arrepentimiento de todo lo que ha hecho, pero no hubiese obtenido algo que se merece, de mi parte. De haber sido así, él había muerto con fe en la bondad fundamental del espíritu humano.
Mientras me dirijo hacia la habitación donde está establecido el querido Alan, entra en mí unas palabras que me ofreció Thomas hace unos días: <<Aún no estás muriéndote, tienes que seguir adelante hasta que lo estés. Por definición: tienes que vivir hasta que te mueres. Mejor hacer de la vida una experiencia tan completa y gozosa como sea posible, por si la muerte llega a ser realmente macabra.>>
La triste vasija de piel y huesos que contenía la fuerza vital de Alan parecía un hogar poco adecuado para cualquier tipo de espíritu.
La enfermera que le atiende me recuerda un poco a una vieja amiga: Miriam, una chica con la que no llegué a salir, pero sí llegué a experimentar algunas experiencias con ella. Su mirada era sería y de preocupación, aunque algunas sonrisas que soltaba me hacían recordar a Miriam.
Se dirige a mí: << Alan está débil. Por favor, no se quede tanto tiempo.>>
<<Comprendo>>, sonrío, interpretando como un amigo inquieto.
<<Él es afortunado de tener un amigo como usted.>>, dice ella, al parecer pensando en: cómo una semejante abominación bastarda pudiese tener amigo alguno.
Me encuentro preocupado, preocupado de que aquél imbécil no aguantara el tiempo necesario para otro tipo de destino; uno terrible que estoy armando. Sin embargo me proporcionó gran placer de ser testigo de la gran agonía física de Alan. No me permitiré a mí mismo a llegar a un estado similar cuando enferme.
<<¿Qué tal?>>, pregunto. Una pregunta realmente estúpida. Las convenciones siempre nos imponen su locura en los momentos menos apropiados.
<<No estoy mal..>> dice débilmente.
¿Estáis seguro mi estimado amigo? ¿Nada mal? Pareces estar realmente jodido. Te caería bien un par de aspirinas y un buen descanso. Probablemente a la mañana siguiente estarás como nuevo.
<<¿Algún dolor?>>
<<No.. tengo drogas, sólo respiro.>> Tomé su mano huesuda y me esforcé por no reír en su cara esquelética mientras veía sus ojos cansados abriéndose y cerrándose continuamente.
<<Tranquilo, amigo, estoy aquí.>> Digo ahogando mis risas.
<<Eres un buen chico, David.>>, balbucea. <<.. Lástima que no nos conocimos antes de todo esto.>>
<<Así es, una lástima, pedazo de basura>>
<<¿Qué dijiste?>>
<<Que es una pena conocernos bajo estas circunstancias.>>
<<Ah..>>, cae dormido y no obstante extraigo sus esqueléticos dedos de mi mano.
Espero que estés sufriendo en tu ensueño, idiota.
La enfermera llega mientras yo observaba al casi inerte cuerpo. Ella sonríe y luego se me queda viendo, como tratando de descifrar algo de mí. La verdad no me interesa.
"¿Cómo le haces daño a un hombre que está aproximado a morir?", me pregunté mientras iba de camino a casa. No sé si fue una señal de dios, pero en el momento en que me hacía esa pregunta pasaba por una capilla, y el padre estaba sermoneando a sus ovejas, o cómo se les diga, y de repente alzó la voz diciendo "¡A través de los vivos, a través de la gente que le importa!" Eso me hizo recordar una canción, cuyo nombre del artista y título de canción no recuerdo: "Todo el mundo quiere alguna vez a alguien."
Durante la semana siguiente he estado sacando información a este saco de basura, pero no la necesaria. Me explicaba su filosofía repugnante, si se le pudiera decir así. Realmente no quiero recordar las pendejadas que me contaba.
Con todo lo despreciable que era tenía un tesoro muy escondido, llegué a donde yo quería estar desde hace tiempo. Sí; a él le importa una persona. Era inconfundible el cambio del estado de ánimo y el tono que daba cuando utilizaba la frase: "y el pequeño.."
Discretamente empecé a sacarle más información sobre El pequeño. Me contó que tuvo un hijo al que poco a poco dejó de ver por problemas que tuvo con la mujer con quien se había juntado (no era de esperar); pero aquellos pequeños momentos que tuvo con él, Antonio, le hacían sentirse alegre. Era el momento más feliz de su vida, y ya sé cómo destruirlo.
viernes, 21 de febrero de 2014
Mala sangre, primera parte.
<<Mi nombre es David>>, comento, <<hace casi un mes me dieron a conocer que tengo el VIH en mi sistema. Una parte de mí creía que tenía que haber algún error, me parecía sencillamente increíble; pero me hice la prueba tres veces para destruir mi auto-engaño.>> Me detengo, mientras seguía mirando hacia el suelo como todo un apenado. Al percatarme que nadie quería expresar algo, continué.<<Mucha gente consigue esta enfermedad por compartir agujas, por tener sexo con alguna persona infectada; yo conseguí la enfermedad por querer tener una aventura homosexual con mi mejor amigo. Yo lo conocía bien, así que no tenía en mente que él estuviera infectado...>> Empiezo a observar de manera discreta la reacción de mis compañeros de grupo, esperando ver especialmente la de uno: Alan.<<Cuando él se dio cuenta de que portaba la enfermedad se suicidó. Yo trato de ser fuerte y seguir adelante...>>
<<Nos alegra que formes parte de este grupo, David.>> Menciona el compañero Thomas, <<El enfoque del grupo es compartir nuestras experiencias y motivarnos a seguir adelante. Tener el VIH o el SIDA no es para que nos apartemos de la sociedad. Toda la gente tiene el derecho de convivir con los demás, sin excepciones y sin falta de moral.>>
Sigo observando a todos los compañeros; no todos parecen estar de acuerdo con lo que menciona Thomas, pues uno nunca dejará de discriminar. Me percaté que en el momento en que dije que "hice un acto homosexual" algunos reaccionaron con repugnancia. Me di cuenta de quiénes habían obtenido la enfermedad por compartir agujas, pero de Alan, nada. Sólo balbuceaba y se reía silenciosamente de mis comentarios; de los cuales, agrego, son falsos.
No obstante, un compañero, que era drogadicto, se expone.<< Yo pasé por algo similar...>> Dice tembloroso. <<Me metí con una chica inocente, me aproveché de que ella se encontraba obsesionada por mí. Ella sencillamente detestaba a las personas, así que no me importó hacerlo. Días después le conté sobre el virus que porto. Ella quedó asombrada. Se hizo la prueba y afortunadamente no quedó infectada...>> Aquel hombre lloraba, mostrando, por encima de sus lagrimas, una sonrisa; la sonrisa más hermosa que haya visto de alguien en mi vida.
Una mujer se mostró con ira. Al parecer ella sí obtuvo el virus tras las mismas circunstancias que contó nuestro compañero. Thomas sonríe inquietantemente, en respuesta al comentario del compañero, y luego larga: << La vida es un riesgo, por el cual debemos ser responsables por nuestros actos. Seguramente alguno de nosotros nos encontramos en un momento de ira, resentimiento o auto-aborrecimiento por haber conseguido el virus por un pequeño descuido, pero por eso estamos aquí, para enfrentarnos con la realidad.>>
<<Yo lo considero una infección oportunista.>> Pienso en voz alta, soltando una pequeña risa. La verdad a ninguno de mis compañeros se les hizo gracioso mi comentario. bueno, a excepción de Alan, quien seguía sin comentar nada, sólo estaba de espectador, riéndose de todo.
Thomas, al ver que Alan no parecía mostrar algún interés por todo, le pregunta << y usted, compañero Alan ¿tiene algo que aportar?>>
Alan sólo sonríe a todos y después contesta: <<La verdad considero que ésto es una mierda. Así de sencillo.>> Diciéndolo con una extraña pasión.
<<Si consideras eso, ¿por qué sigues acudiendo al grupo? No lo digo porque quiera expulsarte.>>
<<No es más que un punto de vista de una persona contra el de otra, pero creo que sólo incomodo, así que me iré>>
Al marcharse Alan, el ambiente mejoró instantáneamente, por así decirlo. Dejé que los demás se expresaran mientras se acababa la sesión. Realmente estoy aquí por un motivo en particular: Alan. Quien seguía acudiendo aún sin estar interesado, sólo disfrutaba cómo los demás trataban de ser positivos, para luego él desinflarlos a continuación, aunque no lo bastante como para que sea expulsado del grupo, pero sí lo suficiente para rebajar manifiestamente su moral.
Fue muy fácil conseguir ser amigo de Alan, pues a nadie le agradaba, así que era su amigo por defecto. Después de las sesiones pasábamos a un bar donde él tomaba de manera descuidada. Así llegué a conocer mucho sobre él; aunque no lo suficiente. Alan había contraído el virus compartiendo agujas mientras consumía heroína, el imbécil había dejado la droga antes de saber que era seropositivo y continúa su vida sin preocupaciones.
Poco a poco, Alan fue atrapando infecciones, llevándose a una plaza de cama del hospital general dos meses después de hacerme su amigo. Al dejar el grupo, de igual manera dejé de ir, para hacerle compañía mientras veía cómo se consumía a sí mismo, y trataba de idear un plan, pero primero tenía que continuar mi estudio sobre él. Me había licenciado en Química, para luego estudiar enfermería, pero me doy cuenta que la dedicación que tuve con la materia fue menos entusiasta que con la que emprendo ahora con Alan.
Thomas trató de convencerme de continuar en el grupo, pero realmente ya no tenía caso seguir ahí. Él estaba intrigado por mi decisión de querer acompañar a Alan: ver cómo se descompone y así. Consideraba apreciable el querer apoyar un miembro que precisamente no era positivo por tal cuestión << Desde luego, era el más seropositivo del grupo.>> Expulsé sin querer.
Thomas ignoró mi observación y luego se despide desconcertado.
<<Nos alegra que formes parte de este grupo, David.>> Menciona el compañero Thomas, <<El enfoque del grupo es compartir nuestras experiencias y motivarnos a seguir adelante. Tener el VIH o el SIDA no es para que nos apartemos de la sociedad. Toda la gente tiene el derecho de convivir con los demás, sin excepciones y sin falta de moral.>>
Sigo observando a todos los compañeros; no todos parecen estar de acuerdo con lo que menciona Thomas, pues uno nunca dejará de discriminar. Me percaté que en el momento en que dije que "hice un acto homosexual" algunos reaccionaron con repugnancia. Me di cuenta de quiénes habían obtenido la enfermedad por compartir agujas, pero de Alan, nada. Sólo balbuceaba y se reía silenciosamente de mis comentarios; de los cuales, agrego, son falsos.
No obstante, un compañero, que era drogadicto, se expone.<< Yo pasé por algo similar...>> Dice tembloroso. <<Me metí con una chica inocente, me aproveché de que ella se encontraba obsesionada por mí. Ella sencillamente detestaba a las personas, así que no me importó hacerlo. Días después le conté sobre el virus que porto. Ella quedó asombrada. Se hizo la prueba y afortunadamente no quedó infectada...>> Aquel hombre lloraba, mostrando, por encima de sus lagrimas, una sonrisa; la sonrisa más hermosa que haya visto de alguien en mi vida.
Una mujer se mostró con ira. Al parecer ella sí obtuvo el virus tras las mismas circunstancias que contó nuestro compañero. Thomas sonríe inquietantemente, en respuesta al comentario del compañero, y luego larga: << La vida es un riesgo, por el cual debemos ser responsables por nuestros actos. Seguramente alguno de nosotros nos encontramos en un momento de ira, resentimiento o auto-aborrecimiento por haber conseguido el virus por un pequeño descuido, pero por eso estamos aquí, para enfrentarnos con la realidad.>>
<<Yo lo considero una infección oportunista.>> Pienso en voz alta, soltando una pequeña risa. La verdad a ninguno de mis compañeros se les hizo gracioso mi comentario. bueno, a excepción de Alan, quien seguía sin comentar nada, sólo estaba de espectador, riéndose de todo.
Thomas, al ver que Alan no parecía mostrar algún interés por todo, le pregunta << y usted, compañero Alan ¿tiene algo que aportar?>>
Alan sólo sonríe a todos y después contesta: <<La verdad considero que ésto es una mierda. Así de sencillo.>> Diciéndolo con una extraña pasión.
<<Si consideras eso, ¿por qué sigues acudiendo al grupo? No lo digo porque quiera expulsarte.>>
<<No es más que un punto de vista de una persona contra el de otra, pero creo que sólo incomodo, así que me iré>>
Al marcharse Alan, el ambiente mejoró instantáneamente, por así decirlo. Dejé que los demás se expresaran mientras se acababa la sesión. Realmente estoy aquí por un motivo en particular: Alan. Quien seguía acudiendo aún sin estar interesado, sólo disfrutaba cómo los demás trataban de ser positivos, para luego él desinflarlos a continuación, aunque no lo bastante como para que sea expulsado del grupo, pero sí lo suficiente para rebajar manifiestamente su moral.
Fue muy fácil conseguir ser amigo de Alan, pues a nadie le agradaba, así que era su amigo por defecto. Después de las sesiones pasábamos a un bar donde él tomaba de manera descuidada. Así llegué a conocer mucho sobre él; aunque no lo suficiente. Alan había contraído el virus compartiendo agujas mientras consumía heroína, el imbécil había dejado la droga antes de saber que era seropositivo y continúa su vida sin preocupaciones.
Poco a poco, Alan fue atrapando infecciones, llevándose a una plaza de cama del hospital general dos meses después de hacerme su amigo. Al dejar el grupo, de igual manera dejé de ir, para hacerle compañía mientras veía cómo se consumía a sí mismo, y trataba de idear un plan, pero primero tenía que continuar mi estudio sobre él. Me había licenciado en Química, para luego estudiar enfermería, pero me doy cuenta que la dedicación que tuve con la materia fue menos entusiasta que con la que emprendo ahora con Alan.
Thomas trató de convencerme de continuar en el grupo, pero realmente ya no tenía caso seguir ahí. Él estaba intrigado por mi decisión de querer acompañar a Alan: ver cómo se descompone y así. Consideraba apreciable el querer apoyar un miembro que precisamente no era positivo por tal cuestión << Desde luego, era el más seropositivo del grupo.>> Expulsé sin querer.
Thomas ignoró mi observación y luego se despide desconcertado.
jueves, 20 de febrero de 2014
miércoles, 19 de febrero de 2014
martes, 18 de febrero de 2014
Lix
...
Tras la muerte de su hermano menor, Leis juró a sí mismo actuar de manera adecuada, como sus padres lo querían. Caminó días hasta encontrarse con un pueblo; buscó trabajo, siendo contratado en un restaurante pobre. Mientras ganaba dinero, Leis dormía en la rama de un buen árbol, arriba de una colina, logrando ver el pueblo y comía solamente pasteles de manzana.
Tres meses después, Leis fue ascendido a ayudante de cocina. El chef era un porcino llamado William. Él le enseñó a Leis todo sobre la cocina (había viajado a muchos países durante su juventud, pero decidió quedarse en aquel pueblo por algún motivo, el cual nunca lo mencionó a alguien). Con la ayuda de Leis, William y su restaurante empezó a llamar más la atención a los viajeros. Un búho llamado Rutherford le propone a ambos en hacer crecer el restaurante; él mandaría a hacer la renovación del sitio. Rutherford tenía la esperanza de que el pueblo progresaría.
Para ésto, pasaron tres años y Leis ya estaba establecido en una casa donde podía ver desde la ventana de su habitación el árbol donde antes dormía.
Tras la muerte de su hermano menor, Leis juró a sí mismo actuar de manera adecuada, como sus padres lo querían. Caminó días hasta encontrarse con un pueblo; buscó trabajo, siendo contratado en un restaurante pobre. Mientras ganaba dinero, Leis dormía en la rama de un buen árbol, arriba de una colina, logrando ver el pueblo y comía solamente pasteles de manzana.
Tres meses después, Leis fue ascendido a ayudante de cocina. El chef era un porcino llamado William. Él le enseñó a Leis todo sobre la cocina (había viajado a muchos países durante su juventud, pero decidió quedarse en aquel pueblo por algún motivo, el cual nunca lo mencionó a alguien). Con la ayuda de Leis, William y su restaurante empezó a llamar más la atención a los viajeros. Un búho llamado Rutherford le propone a ambos en hacer crecer el restaurante; él mandaría a hacer la renovación del sitio. Rutherford tenía la esperanza de que el pueblo progresaría.
Para ésto, pasaron tres años y Leis ya estaba establecido en una casa donde podía ver desde la ventana de su habitación el árbol donde antes dormía.
viernes, 14 de febrero de 2014
jueves, 13 de febrero de 2014
miércoles, 12 de febrero de 2014
No tengo la mínima idea de cómo expresarle que cada vez que me encuentro con su silueta y su mirada llega a mí una manifestación sensorial de alegría, que he soñado con tomar sus manos y con abrazarla, que sería un honor disfrutar del atardecer en su compañía.
Su presencia me apacigua y a la vez desordena mis ideas, me hace sentir inseguro y feliz.
Que he mencionado su nombre cuando en realidad estoy con alguna amiga o compañera. Que me gustaría conocerla bien, compartir algunos momentos del día, de la vida, la vida.
Su presencia me apacigua y a la vez desordena mis ideas, me hace sentir inseguro y feliz.
Que he mencionado su nombre cuando en realidad estoy con alguna amiga o compañera. Que me gustaría conocerla bien, compartir algunos momentos del día, de la vida, la vida.
martes, 11 de febrero de 2014
No tengo ganas de despertar, sueño contigo, pero la alarma suena y todo se ha ido.
He de comenzar otro día vacío, donde sólo me permito mirarte, con la tentación de saber de ti, pero sin el valor suficiente. A veces chocaban nuestras miradas, sin embargo, volteo de manera patética hacia otro lado. Busco la manera de arriesgarme a conocerte, pero me siento en una gran habitación, buscando con cuál puerta salir y comenzar una nueva etapa.
lunes, 10 de febrero de 2014
En él se planteaban muchas preguntas sobre su compañera de viaje, mientras observaba el camino. Ella disfrutaba un rato de literatura. El viaje sería un poco largo, pero él no sabía cómo comenzar una conversación. Esta era la primera vez en que ellos se encontraban demasiado juntos. Ambos llegaban al mismo destino, ambos ya se habían visto en otras ocasiones, pero nunca se dirigieron ni siquiera un saludo. Aún así los dos tenían intriga por conocerse; aunque no lo demostraran.
Él cerraba los ojos cada vez que sentía ganas de voltear hacia ella, para verla directamente, aunque en otras ocasiones ya se habían encontrado sus miradas.
Ella guarda su libro y empieza a observar hacia la ventana.
Tal vez no se decían nada, pero el silencio que compartían les agradaba bastante.
martes, 4 de febrero de 2014
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