miércoles, 24 de diciembre de 2014

Noche triste.

Desde la tarde ha estado lloviznando, por momentos. La noche no es excepción, ahora es más prolongado. Decidí permanecer un rato en la azotea para contemplar el ambiente y sentir la llovizna, suave y enternecedora. Se detiene el ruido cotidiano, permitiendo solamente el sonido de la débil lluvia golpeando el entorno.
Sonrío, a pesar de la nostalgia, mientras observo detenidamente las luces de las lejanas casas, que lucen como luciérnagas estáticas.
Me escucho decir en voz baja el nombre de aquella persona... y tiemblo, por una extraña felicidad y melancolía.

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