Desde la tarde ha estado lloviznando, por momentos. La noche no es excepción, ahora es más prolongado. Decidí permanecer un rato en la azotea para contemplar el ambiente y sentir la llovizna, suave y enternecedora. Se detiene el ruido cotidiano, permitiendo solamente el sonido de la débil lluvia golpeando el entorno.
Sonrío, a pesar de la nostalgia, mientras observo detenidamente las luces de las lejanas casas, que lucen como luciérnagas estáticas.
Me escucho decir en voz baja el nombre de aquella persona... y tiemblo, por una extraña felicidad y melancolía.
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