jueves, 13 de noviembre de 2014

Sin rostro alguno.

Me encontraba en el Centro, había quedado de verme con alguien para disfrutar de una tarde de otoño. El punto de reunión era en el kiosko, pero se encontraba repleto de personas, por lo cual decidí esperarla sentado en la banqueta del área, donde probablemente la vería llegar.
En el otro lado de la esquina se encontraba un hombre sentado con sus dos hijos. Uno de ellos, el más pequeño, que estaba más cercano a mí, jala de mi chamarra para llamar mi atención. Volteo hacia él y me sonríe, le respondo un una sonrisa. Luego me hace ver una paloma que se paseaba enfrente de nosotros, paseaba curiosamente hasta que fue asustada por el hermano mayor,de aproximadamente siete años, que jugaba con un avión.
Al verme se sorprendió y se me quedó viendo como si hubiese visto algo extraño que pasaba detrás de mí. Luego se dirige corriendo hacia su padre, del que sólo lograba ver parte de su perfil, curiosamente familiar. El hombre miraba hacia el otro lado y sin pensarlo esperé hasta que volteara, pero no ocurrió nada.
En cambio, el pequeño tomó de mi brazo y me hacía ver algunos carros que pasaban y las ventanas de la casa que estaba en frente, y el perro callejero que estaba del otro lado de la calle, y más carros, y más palomas.
El hermano mayor quiere saber mi nombre y se sorprende, luego me pregunta la edad y trata de comprender. Luego dice que me parezco a su padre, volteo nuevamente a verle, pero sigue mirando hacia el otro lado. Me sentía inseguro al pensar en dirigirme a aquel hombre. Había olvidado qué hacía realmente allí. Lo más intrigante fue querer saber cómo era el rostro del padre de aquellos niños.

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