<<¿Qué le has hecho a mi hijo?>> Implora, con una voz demasiado desgastada a la de hace unos segundos. Aceleraba su respiración y no dejaba de tambalear su cabeza. Empujo su cabeza para que esté bien recargada a la almohada, es satisfactorio su impotencia.
<<Básicamente esto.>> Le doy en sus manos la cuarta fotografía...
¡Te tengo! ...
Era apasionante ver la reacción de Alan al ver la fotografía. Mostraba al pequeño Antonio desnudo, acostado en el suelo, pecho abajo, con las piernas flexionadas y con varias heridas y agujeros sangrientos en diversas partes del cuerpo. Podía verse su cara con los ojos cerrados y de haberse fijado detalladamente, lograría ver lágrimas secas en su rostro. Había sangre por doquier, parecía un charco debajo de él. Más al fondo habían algunas herramientas, un taladro y cuchillos de cocina.
<<Toño.. no.. Toño... ¿por qué?... él no le hizo daño a nadie.. no...>> Gemía mientras trataba de no mirar más la fotografía, su repugnante voz se destrozaba cada vez más. Tomé la fotografía de sus manos, saqué las demás y se las metí en su boca, para comenzar el segundo acto.
<<Pensé que el pequeño Antonio tenía que ser igual que su padre.>> Revelo. <<Si el virus es lo bastante bueno para su padre, es lo bastante bueno para su hijo. Amén... Afortunadamente tu ex-esposa es lo bastante tonta como para ganarse la confianza de alguien, después de conocerte a ti...>> Considero gracioso ver al imbécil de Al tratando de quitarse las fotografías de la boca, sus lágrimas brotaban débilmente. <<Ella me dejó una noche a cargo de él, esa noche lo estuve pensando y, mientras se preparaba para dormir, le tomé...>> Alan trataba de calmarse, pero escuchando lo que decía le hacía desesperarse más.<< Cubrí su delicada boca y le desnudé...>> Me detengo y le sonrío un poco. No obstante, continúo.<<Lamentablemente su ano era un poco-demasiado estrecho para mí, así que se me ocurrió la tonta idea de ampliarlo con el taladro de albañilería. Por desgracia me sobrepasé un poco y me emocioné... así que, para que dejara de sufrir el mocoso, empecé a hacer agujeros en sus piernas, en su pecho, en sus brazos y en sus nalgas; pero seguía vivo. lograba escuchar cómo lloraba débilmente. Al menos fue relativamente rápido, más rápido que pudrirse en una cama como usted comprenderá, Al. Le costó veinte minutos morir. ¡Veinte miserables y atroces minutos!... Pobre Antonio... Como decías, es una enfermedad que mata a los inocentes.>>
Empecé a sentir preocupación de que llegara la enfermera. Saco una de las almohadas que había detrás de él. <<Lo siento, Al, pero todo esto es por tu culpa. Los malos actos suelen llevar a una consecuencia relativamente macabra y tú decidiste actuar.>> Le digo mientras postro tranquilamente su cabeza de regreso, para después poner la almohada que tengo sobre su cara, presionando poco a poco... ahogando sus enfermos gemidos, lloriqueos... Canté alegremente en voz baja, mientras presionaba con firmeza, hasta que se hubo apaciguado la endeble residencia de Beltrán, Alan Beltrán.
Tomé su pulso.. Había causado baja... Rápidamente quito la almohada de su rostro y la devuelvo en su sitio, levantando la fea y frágil cabeza del cadáver y acomodándolo de regreso; saco las fotografías de su boca. Contemplo un poco lo que había ante mí; los ojos estaban ligeramente abiertos al igual que la boca. Parecía estúpido, una enfermiza criatura de un ser humano, lo que ha sido siempre. No obstante tomo un respiro profundo y empiezo a llorar como niño sin juguete y me dirigí a buscar a la enfermera, para decirle que Beltrán había estirado la pata.
Asistí al funeral, siendo crematorio, acompañando a Carmen para darle apoyo en un momento emotivo para ella. Se encontraban algunos familiares de él y Thomas de igual manera se encontraba con tres miembros del grupo VIH y positivos.
No fue gran cosa, pues no hubo qué decir sobre el imbécil de Alan Beltrán... Que en paz descanse...
Después del funeral y de estrechar las manos con Thomas, llevé a Carmen y al pequeño Antonio a tomar unos helados en un parque, para olvidar un poco el "trágico momento del día".
Evidentemente engañé a Beltrán sobre lo que le hice a Toño. Estoy lejos de estar orgulloso de aquello que Sí hice. Corrí grandes riesgos con el bienestar de él, usando anestesia de quirófano y cloroformo. Es bueno saber sobre enfermería y operación de quirófano. Al despertar, sólo tuvo dolor de cabeza y algunas pesadillas. Lo demás fue pinturas de esmalte y maquillaje, para suministrar las heridas y la sangre la saqué de la nevera del laboratorio del hospital donde trabajo, fue toda una paranoia salir sin ser descubierto. Hice maravillas con ello, aunque la pasé de joda por la noche limpiando el escenario. Me estremece recordar lo que hice al pequeño Antonio...
Una semana después, decido alejarme de la vida de Carmen y del pequeño, aunque extrañaré mucho a Toño, me hace desear haber tenido un hijo... Eso nunca ocurrirá.
Ahora me cuido más que antes, me hago pruebas de sangre y me limito al consumo. Regresé con Alexa, quien se había alejado de mí por vergüenza de haberme infectado, aunque no lo sabía... No tuvo la culpa. No obstante, les conté a mis padres sobre mi condición. Mi madre se limitaba a llorar y a abrazarme, mientras mi padre temblaba sin decir nada, solamente miraba el periódico, en la sección de deportes. Creí que mi padre me dejaría de hablar, pero esa misma noche él llegó al departamento donde vivo, y lo recibí con lágrimas en los ojos. Se me acercó y me abrazó fuertemente, llorando y repitiendo: <<Mi chiquillo.>> muchas veces, provocando que de igual manera yo suelte el llanto. A partir de ahí la relación con mis padres como con Alexa se hizo más íntima.
Ojalá no hubiese esperado tanto para convertirme en ser humano, después de todo lo ocurrido. Mejor tarde que nunca, créeme.